Viviré en tu memoria - Capítulo 1
***
El
turno en urgencias siempre resultaba ser agotador, y ese día no había sido la
excepción. Un accidente múltiple en la carretera le mantuvo trabajando 13 horas
sin descanso. Entró a su oficina arrastrando los pies y se recostó de espaldas
sobre el sofá, estaba realmente cansado y lo único que quería era cerrar los
ojos un rato. Se tomaría una hora de descanso antes de dar su última vuelta y
regresar a su departamento.
Tomó
su teléfono para echar un vistazo, eran las 5 de la mañana. Tenía 2 llamadas
perdidas y varios mensajes que comenzó a responder en nivel de importancia.
—Es
reconfortante verte con esa sonrisa a pesar de la larga noche que hemos tenido
—Marco le sonreía apoyado en el marco de la puerta—. ¿Te mensajeas con tu
novio? —Hizo una mueca de disgusto al verse sorprendido y se incorporó con un
gruñido—. No me mires así, eres una persona transparente, y tu mirada se ve
enamorada, a pesar de esas horribles ojeras. En serio, deberías hacer algo con
ellas.
—No
soy una persona “trasparente” y, ¿De verdad? ¿Tú me aconsejas hacer algo con
mis ojeras? ¿Tú entre todos en este hospital? —Marco sonrió y se rascó la
nuca—. ¿Necesitas que te ayude con algo?
—No,
solo quería agradecer el apoyo —Marco suspiró—. La verdad es que me siento
culpable por hacer que te quedaras, de nuevo…
—Déjalo
estar, me gusta mi trabajo, y a Kid no le molesta del todo... —hizo una mueca
frunciendo los labios, se notaba que tenía un conflicto y Marco sintió la culpa
acrecentándose en su interior.
—Lo
sabía, tienes problemas con el pelirrojo…
—No,
no es eso —se tomó unos segundos—. La verdad es que no me he sentido bien estos
días. ¿Crees que puedas conseguir a alguien para el turno de la noche? Sería
bueno tener el fin de semana completo para descansar… —Marco no pudo evitar
mostrar sorpresa. Law jamás le había pedido un día en lo que llevaba trabajando
en ese hospital.
—Claro,
no hay problema con eso. ¿Quieres que te haga un chequeo? —El ofrecimiento le
causó algo de gracia—. Es en serio, si te sientes mal entonces deberías hacerte
un chequeo.
—De
acuerdo —dijo con algo de fastidio mientras se ponía de pie, se acercó a la
camilla y comenzó a sacarse la parte superior de su ropa. Marco cerró la puerta
tras de sí y encendió la luz principal.
—¿Síntomas?
—Dolor
muscular, fatiga, inapetencia… mareos… dolor de cabeza…
Marco
frunció el ceño al escuchar el listado de síntomas —debería golpearte ahora
mismo por no haber abierto la boca antes—. Se acercó para tomar su temperatura,
estaba en márgenes normales. Revisó sus ojos, sus oídos y su garganta.
—Avísame
si duele —pidió Marco cuando comenzó a palpar con sus dedos, desde la parte
posterior de sus orejas hacia abajo. Hizo una mueca de dolor cuando le presionó
cierta parte del cuello—. Ok, recuéstate.
Marco
escucho sus pulmones con el estetoscopio y palpó con atención algunas partes de
su cuerpo. Trataba de mantener una expresión neutra mientras continuaba con la
revisión, pero el afecto que le tenía a su compañero de trabajo le jugaba una
mala pasada.
—No
me gusta tu expresión —Marco le miró en silenció y con continuó su inspección.
—No
me gusta lo que encuentro en el examen físico —dijo finalmente—, necesito que
te hagan un hemograma y un perfil bioquímico.
—Pero…
—No,
no hay peros. Necesito hacerte exámenes para saber qué tienes, no puedo decirte
específicamente qué es sin los resultados, hay un mundo de posibilidades y
tengo que descartar. Lo sabes.
—¿Qué
encontraste?
—Tienes
inflamados algunos ganglios, tu hígado y bazo están dilatados. Dame tu mano
—pidió—, quiero probar algo —levantó su mano y Marco le presionó por unos
segundos la uña del pulgar, la soltó y mentalmente contó los segundos que se
tardó en regresar a su color natural.
Frunció
el ceño y repitió él mismo la acción que hizo su compañero —iré ahora a toma de
muestras—. Se puso de pie y comenzó a vestirse con desánimo.
—Pediré
que vengan a tomarte las muestras aquí, recuéstate y descansa. También te
pediré un transfer, no te irás sólo a casa.
Marco
dejó la sala para hablar con el jefe de enfermería. Él, por otro lado, se sentó
un tanto consternado en el sofá, las posibilidades se enlistaban en su cabeza,
pero había una que sonaba mucho más fuerte que las otras. Marco no se lo dijo,
pero estaba seguro de que pensaban en lo mismo, después de todo, el otro
conocía sus antecedentes médicos casi tan bien como él mismo.
***
La
alarma de su teléfono sonó a las 6:30 de la mañana, soltó un par de gruñidos y
con el ceño fruncido estiró su brazo fuera de las mantas para alcanzar el
celular, ¿Cómo se le había olvidado desactivar la alarma?, ya que tenía el
aparato en la mano, aprovechó de revisar sus mensajes y se relajó al ver las
notificaciones.
La
noche anterior, Law, le había enviado un texto explicándole que debería
quedarse a apoyar al turno siguiente debido al accidente que minutos antes
había visto en televisión, después de leer el mensaje le llamó de regreso, pero
no obtuvo respuesta, lo intentó de nuevo y tuvo el mismo resultado, realmente
debían tener mucho trabajo en urgencias, por lo que decidió dejarlo.
Law
trabajaba en un hospital de enseñanza como titular en cirugía general y de
seguro estaría con trabajo hasta el cuello. Así que esperaría hasta que el médico
tuviera tiempo de hablar. De todas formas, le dejó unos cuantos mensajes
diciéndole todo lo que planeaba hacer con él durante el fin de semana, Tal vez
eso le sacara una sonrisa después de su eterna jornada.
Ahora,
grata era su sorpresa al leer que sus planes eran recibidos con entusiasmo.
El
médico le había respondido hace poco más de una hora, seguramente ahora estaba
realizando una última ronda a sus pacientes antes de regresar a casa, así que
ya faltaba relativamente poco para que llegara al departamento. Con eso en
mente se desemperezó y salió de la cama para comenzar a preparar el desayuno.
***
El
aroma de comida recién hecha inundó sus fosas nasales cuando abrió la puerta
del departamento, y a pesar de que era un rico aroma, en lugar de darle hambre
le produjo nauseas.
Dejó
su abrigo sobre el perchero y se quitó las botas para luego calzarse las pantuflas.
Caminó con pesar hasta Kid —quien estaba sentado en la barra de la cocina
leyendo el diario, sin prestar atención a su entorno debido a lo alta que
estaba la música en sus auriculares— y le abrazó por la espalda. Kid se
sobresaltó y miró por sobre su hombro para ver a Law acurrucándose contra su
espalda.
—Al
fin llegaste —dijo Kid mientras se quitaba los auriculares—. Por lo que se ve
en las noticias tuviste una noche difícil —asintió ante las palabras de su
novio sin despegarse de su espalda—. Bueno, el desayuno ya está listo, así
que...
—No
tengo hambre…
—Oh
no, debes comer. Necesitas recuperar energías. Además, últimamente tu mala alimentación
está pasándose de la raya. Estoy seguro de que no comiste nada durante la noche
—aseveró Kid.
Soltó
un suspiro al tiempo que rompía el abrazo. No, no había comido nada durante la
noche, sólo había tomado café, y definitivamente no tenía fuerzas para replicar
las fundadas acusaciones en su contra —de acuerdo, comeré—. Sentenció
finalmente mientras Kid se giraba en el banquillo para tomarle de la cadera.
—Realmente
te ves agotado. Después de desayunar te irás a la cama a descansar, necesitas
dormir, aunque sea unas horas. ¿Está bien? —Asintió sin ánimos de objetar y se
apoyó en el hombro de Kid. Quien, sorprendido, le apartó con delicadeza y le
miró a los ojos en busca de algo que le ayudara a descubrir qué era lo que
ocurría—. ¿De verdad? ¿Así nada más, sin peros?
—Sólo
estoy cansado —soltó con desanimo. Kid frunció el ceño y le puso una mano en la
frente—. Kid…
—Lo
hice como una broma —le interrumpió Kid—, pero me parece que realmente tienes
fiebre, ¿No te has tomado la temperatura?
—Me
la tomé en el hospital poco antes de salir, estaba en parámetros normales —apoyó
su rostro en la mano fría de Kid y cerró los ojos, se sentía tan bien.
—Entonces
ya te sentías mal antes de salir del hospital —asintió nuevamente y Kid no pudo
evitar preocuparse, esa actitud tan dócil definitivamente no era una buena
señal—. Mmmm… ok, desayuno a la cama.
—¿Qué?
—preguntó con el ceño fruncido.
—A
la cama, te llevaré el desayuno a la habitación —dijo Kid mientras lo
encaminaba al lugar mencionado.
—No
creo que sea una buena idea comer en la cama… —un súbito mareo le hizo perder
el equilibrio. Kid soltó una maldición y
se apresuró a afirmarle antes de que terminara en el suelo.
—Law…
—se llevó una mano a la cabeza en un intento inútil por mitigar el dolor y le
pidió un segundo a Kid—. Llamaré a emergencias.
—No.
—Law…
tu nariz está sangrando —verificó las palabras de Kid y volvió a negar.
—Solo
necesito algo para parar la hemorragia, hay gasas en el botiquín del baño —Kid
le dejó sentado en el suelo, apoyado en la pared, para ir por lo indicado—. Y
no llames a emergencias, esto no es una emergencia —podía ver que Kid estaba
nervioso, y lo entendía, de todo el tiempo que llevaban juntos jamás le había
visto enfermo, ni siquiera un resfriado.
Kid
volvió con las gasas, se arrodilló a su lado y se las entregó —dime qué tengo
que hacer—, a Law se le hacía adorable ver a Kid actuando de esa forma.
—Esperar
unos minutos para que esto se detenga.
—Por
favor, vamos al hospital.
—Kid,
de verdad no es necesario. Solo dame unos minutos.
El
sonido del segundero de la sala le estaba sacando de quicio, ¿Cómo podía Law
estar tan tranquilo?, era médico, se respondió, era normal para él ver cosas
así. Pero él no, para él esto era algo fuera de lo común, y estaba a punto de
replicar nuevamente cuando Law le interrumpió —quiero ir a la cama, ¿me ayudas
a ponerme de pie?
—Ok
—se puso de pie y le tomó en brazos.
—No
me trates como una princesa, bájame —reclamó haciendo referencia a la forma en
que Kid le había levantado.
—No
me importa —le dejó en la cama—. Insisto en que debemos ir al hospital.
—Kid,
solo necesito comer algo y descansar, después de eso me sentiré mejor —se fijó
en el semblante de Kid, que irradiaba preocupación, y acarició su mejilla
mientras le miraba con algo de culpa. Soltó un suspiro y le regaló una sonrisa—.
Marco me hizo un chequeo antes de salir del hospital —comenzó a hablar—, me
tomaron unas muestras de sangre para hacer unos exámenes y en cuanto estén
listos los resultados me llamará para saber qué es lo que anda mal conmigo. Así
que no hay necesidad de preocuparse. ¿Está bien?
—Bien,
algo he aprendido viviendo contigo. ¿Cuáles son los posibles diagnósticos?
—preguntó cruzándose de brazos, sintiéndose orgulloso de haber provocado esa
mirada de asombro en los ojos de Law.
—Aún
es muy pronto…
—No
me salgas con eso —silencio—. ¿Tengo que llamar a Marco para averiguarlo? —Law
torció sus labios en una mueca—. Law —dijo Kid con un tono severo y el aludido
respiró profundo antes de continuar hablando.
—Aunque
lo llames no podría decírtelo, tenemos un código médico-paciente ¿sabías? —Kid
le miró con el ceño fruncido, su paciencia era muy limitada, y a esa altura ya
se estaba agotando. Law volvió a suspirar y se apoyó en el respaldo de la cama—.
No es que no quiera decírtelo, pero es difícil. No quiero aventurarme a decirte
un diagnostico errado —apretó las mantas de la cama con sus manos—. Sería
estúpido que ambos estemos preocupados y que al final resulte ser algo sin
importancia…
—Dudo
que sea algo sin importancia si te deja en esas condiciones —Law bajó la mirada
a sus manos aún empuñadas y Kid le tomó con delicadeza del mentón—. Law, sólo
dímelo —suplicó mirándole a los ojos.
Law
se perdió unos segundos dentro de esos ojos color ámbar que le miraban con
preocupación y sintió que algo se rompía en su interior. Sus ojos se llenaron
de lágrimas ante la atónita mirada de Kid —Tengo… —respiró profundo para
controlar sus emociones—. Tengo los mismos síntomas que tenía Lami…
Kid
se puso de pie y dio un par de vueltas por la habitación, se sentía como un
león enjaulado. Se obligó a apaciguar las ganas que tenía de golpear la pared —Kid…—,
le llamó Law con mesura.
—Si
llegase a ser…, maldición —abrió y cerró su mano—, espero que no… pero si lo
es, ¿qué tan avanzado estaría?
—No,
no lo sé. Primero debemos esperar los resultados de los exámenes que me acaban
de hacer para saber si efectivamente es…, y en caso de ser así me tengo que
hacer otros exámenes para determinar el tipo y la etapa —tanto él como Kid
sentían la impotencia de no poder hacer nada al respecto—. Ni siquiera sé
específicamente cuándo comenzaron los síntomas... —agregó con algo de desanimo.
—Puede
ser… ¿hace unos 8 días? —Law miró con duda a Kid, quien se sentó con las
piernas abiertas al borde de la cama—. Si no me equivoco, comenzaste con
síntomas hace 8 días.
—¿Cómo
lo sabes? —Preguntó con algo de incredulidad.
—Eres
una persona rutinaria y con manías. Manías muy marcadas. Así que es fácil saber
cuándo algo está fuera de lugar.
Law
soltó una risa nerviosa —ok, me asusta tu atención a los detalles…—, comenzó a
analizar las palabras de Kid en silencio. Trató de recordar el día que indicaba
y no encontró nada extraño. —Me rindo, no lo sé, ¿Qué fue lo que hice
diferente?
—Salí
del trabajo a las 16:30, como todos los días —comenzó a relatar—, tú tenías turno
de noche, por lo que te irías a trabajar como a las 19:30, lo que nos daba
tiempo suficiente para pasarlo bien y comer algo antes de que te fueras y con
eso en mente pasé a comprar algunas cosas para la cena. Cuando llegué a casa oí
el sonido de la música que usas para leer la revista de ciencias que llega una
vez a la semana. Dejé las compras en la cocina y fui a tu estudio, estabas
dormido en tu sofá con la revista sobre tu regazo.
—Pues,
si, supongo que estaba cansado…
—Me
atrevo a decir que más de lo normal. Jamás te duermes mientras lees. Si estas
leyendo y te da sueño detienes tu lectura, guardas lo que sea que lees de forma
pulcra en el lugar que corresponde, apagas la música y te vas a la cama —Kid
sonrió al recordar la escena—. Te veías tan relajado que preferí no
despertarte. Bajé un poco el volumen de la música y tomé la revista antes de
que cayera al piso. Volví a la cocina, abrí una cerveza y comencé a preparar la
cena. Te hice onigiris, tus favoritos, y casi no probaste bocado.
Law
estaba inmerso en la mirada de Kid, veía el cariño que reflejaba y se sintió
reconfortado al tener la certeza de que su pelirrojo realmente se preocupaba
por él. Un sentimiento de calidez se acomodó en su pecho.
—¿Cuánto
tendrán los resultados? —Preguntó Kid ya más calmado, sacándole de su
estupefacción.
—Deberían
estar listos en la noche —estiró su mano hacia Kid, quien acortó la distancia y
entrelazó sus dedos con los de Law.
Law
podía notar como crecían las dudas en la cabeza de Kid y comenzó a responder las
preguntas antes de que fueran formuladas.
—Si
los resultados afirman nuestras sospechas tendrán que hacerme unos exámenes
desagradables y dolorosos —se estremeció un poco al pensarlo—. Dependiendo de
los resultados de esos exámenes —continuó—, se deciden los tratamientos y la
forma en que los recibiré, puede ser hospitalaria o ambulatoria —soltó un
suspiro—. Kid, aún es muy pronto para especular. Puede que nos estemos
preocupando por nada…
Kid
terminó de acortar la distancia que los separaba y le abrazó, respiró profundo
el aroma de su cuello y besó su mejilla.
—Entonces
¿Desayuno a la cama? —Preguntó con un tono un poco más jovial, intentando
despejar un poco esa atmosfera tensa que tanto le desagradaba.
—No
me agrada comer en la cama. A menos de que tú seas la comida —respondió de
forma sugerente.
Kid
alzó una ceja —que cruel eres, ahora no estás en condiciones de hacer ese tipo
de declaraciones.
Se
puso de pie entre risas, aún estaba un poco mareado, así que lo hizo con
cautela. Kid contuvo el impulso de afirmarle y esperó, atento por si algo no
salía bien.
—Creo
que arruiné los planes del fin de semana —dijo con cara de disculpa. Kid
sonrió, acarició su mejilla y besó sus labios, con todo el ajetreo había
olvidado hacerlo cuando Law llegó.
—No
te preocupes.
—Me
hacía ilusión escaparnos a la playa.
—Ya
podremos hacerlo más adelante. Ahora prefiero que descanses. Así que nada de
ajetreo este fin de semana —terminó diciendo mientras caminaban melosamente
abrazados hacia la cocina.
***
Durante
el desayuno hablaron de trivialidades. Pero la curiosidad de Kid pudo más que
sus ganas de olvidar el tema, y Law terminó respondiendo todas las
interrogantes que nacían en su cabeza.
Se
ofreció a lavar los platos y Kid le miró con cara de pocos amigos, luego le
regañó y le envió a dormir. “No me des órdenes” dijo mientras caminaba hacia la
habitación, para hacer precisamente lo que dijo Kid.
Cuando
se recostó comenzó a pensar en su hermana, en la diferencia de conocimientos
que había en el tiempo que ella falleció debido a un tratamiento incorrecto y
los avances que había ahora. Pensó en como ese hecho desencadenó el deceso de
sus padres, y cómo fue que, de ahí en adelante, todo se desmoronó. Pensó en el
día del incendio, en el orfanato, en la casa de acogida, en la calle, en
Doflamingo y en Corazón...
“Corazón”,
repitió en su mente con pesar. Kid entró a la habitación, se sentó a su lado y
comenzó a acariciar su cabeza. Le sonrió y cerró sus ojos. En definitiva, su
historia no estaba libre de penurias, lo había pasado mal, pero tuvo más suerte
que algunos en sus mismas condiciones y encontró personas que le ayudaron a
salir del agujero en el que cayó por asares del destino. Ahora era feliz y
deseaba seguir siéndolo. Con eso en mente se dejó llevar por el sueño,
sintiendo como Kid le acariciaba el cabello. Realmente amaba a ese hombre, más
de lo que había llegado a imaginar.
Continuará…
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