Títere
Resumen: Law nunca imaginó que ser prisionero de Doflamingo sería tan
terrible, nunca imaginó que él podría llegar a pasar por una situación similar,
si, ese fue su error, su falta de imaginación.
*ADVERTENCIAS:
-
Esta no es una historia de amor
-
El contenido de esta historia no es apta para menores de edad ni
personas sensibles.
-
Relación no consensuada.
Aclaraciones: Los
personajes utilizados en esta historia pertenecen a Eiichirō Oda; Texto sin
fines de lucro.
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Títere
—¡Doflamingo!...
¡Torao! —Gritó Luffy al divisar a los mencionados en medio del polvo que se
levantó cuando Law cayó en picada contra el asfalto. —¡Oye, Torao! ¡¿Qué haces
con Doflamingo…?! —Preguntó Luffy antes de ver como Doflamingo disparaba
directamente a su aliado.
—Se
te subieron demasiado los humos. —Pronunció el monarca de Dressrosa con una
sonrisa en sus labios.
—¡Torao!
—Volvió a gritar Luffy con desesperación.
—Perdonen
que haya armado tanto alboroto —dijo Doflamingo a la multitud, que miraba atónita
la pelea—, él es Trafalgar Law, un Shichibukai, y es el culpable del
informe falso de esta mañana, que decía que abdicaba al trono. Estaba
intentando derrocarme. Pero no se preocupen, ya me libré de él.
Los
presentes, en su ignorancia, celebraban las palabras de su rey, mientras Luffy,
Zoro y Kinemon observaban con horror el cuerpo maltrecho de Law sobre el
asfalto destruido.
—¡Oye,
Mingo! ¡¿Cómo te atreviste a disparar a Torao?! —refutó Luffy tras los barrotes
del coliseo.
—Mugiwuara…
tú no tienes derecho a quejarte, Law era originalmente mi subordinado. ¡Es mi
responsabilidad saldar cuentas con él!
Zoro
y Kinemon no esperaron a que el capitán diera la orden, sabían que debían
socorrer a Law, y sin mediar palabras, se lanzaron en su ayuda. Sin embargo,
Fujitora se interpuso en su camino, impidiéndoles el paso.
El
enfrentamiento fue corto. Doflamingo decidió dar por terminada la pelea
considerando que tenía cosas más importantes que hacer. Tomó a Law del abrigo, levantándole
sin dificultad y se dio a la fuga junto Fujitora mientras los marines atacaban
a los espadachines en su lugar.
—Oye,
Luffy, busca la salida, te esperaremos mientras damos vueltas por aquí. —Apresuró
a decir Zoro.
—¡De
acuerdo! Tenemos que darnos prisa, pude escuchar la voz de Torao, no creo que
esté muerto. —Aseveró el capitán antes de comenzar a buscar una salida.
***
Abrió
sus ojos con lentitud sin lograr enfocar del todo bien, aunque de nada le
serviría ver con claridad. Estaba sentado en el suelo de una habitación en
penumbras, podía sentir las esposas de kairoseki en sus muñecas y el frío de la
piedra contra su piel, el hecho de llevar solamente su ropa interior no le
parecía para nada normal y le provocó un mal presentimiento.
No
sabía cuánto tiempo llevaba en la misma posición, pero, considerando el
entumecimiento de sus músculos, posiblemente cerca de una hora.
Una
fuerte puntada en su cabeza le refrescó la memoria, había mantenido una pelea
con Doflamingo, y había perdido.
Respiró
profundo para calmar sus nervios ante la desafortunada situación, pero al
hacerlo un dolor agudo le hizo retorcerse. Al parecer tenía un par de costillas
rotas, las balas que le disparó Doflamingo seguían en su interior y podía notar
las contusiones esparcidas por todo su cuerpo.
—Maldición…
—Podría haber arreglado sus lesiones fácilmente de no ser por esas malditas
esposas. Pensó.
Comenzaba
a acostumbrarse a la oscuridad cuando la luz de la habitación se encendió
obligándole a cerrar los ojos, a pesar de mentalizarse para permanecer tranquilo,
su cuerpo se tensó al oír la característica risa de Doflamingo.
—Al
fin despiertas, mocoso, estaba comenzando a preocuparme.
Law
le miró con desprecio y le mostró una sonrisa insolente —¿Preocuparte? No me
hagas reír.
Doflamingo
se acercó con las manos en los bolsillos y su peculiar sonrisa desquiciada
—Tengo que preocuparme. ¿Qué haré si mueres antes de darme lo que necesito? —Law
frunció el ceño en clara señal de molestia—. Dime, Law, ¿quieres ver a mi
hermano menor?
—¡No
te atrevas a hablar de él en mi presencia! —Soltó con rabia impulsándose hacia
adelante, tratando inútilmente de levantarse. Ese movimiento imprudente le hizo
recordar lo maltrecho que se encontraba y terminó de rodillas, con una mueca de
malestar en su rostro, para diversión de su interlocutor.
Doflamingo
se acercó un poco más y puso una de sus manos en el hombro de Law para
obligarle a incorporarse de forma brusca. El menor no pudo evitar soltar un
pequeño grito debido al dolor y comenzó a respirar entrecortadamente con
dificultad. La mano que presionaba su hombro se movió en una tosca caricia
hasta llegar a su cuello, ese lunático había comenzado a asfixiarlo.
—No
estás en condiciones de exigir, mocoso.
Un
par de minutos después la necesidad de respirar se hizo presente, logró llevar
sus manos hasta la muñeca de Doflamingo, pero era inútil, no tenía la fuerza
suficiente para hacer que le soltara. El monarca sonrió con satisfacción al ver
la desesperación en su rostro y optó por soltarle, al fin y al cabo, lo
necesitaba vivo.
Law
tomó una bocanada de aire y comenzó a toser, inclinándose nuevamente hacia
adelante debido al dolor que se acentuaba en su pecho. No quería temblar, pero
los espasmos recorrían su cuerpo de forma involuntaria.
Doflamingo
le tomó del mentón con firmeza para alzar su rostro —Te haré sufrir Law, tanto
que desearás morir, y solo habrá una forma en que podrás hacerlo —su sonrisa se
ensanchó—. Morirás por mí, ese será tu destino, y finalmente podrás reunirte
con el maldito de Corazón.
Mentiría
si dijera que no sintió aprensión ante sus palabras, pero su determinación y el
rencor que tenía hacia ese hombre tan despreciable era mucho más grande —Jamás,
¿me oyes?, jamás haré lo que pides —soltó entre jadeos, sosteniendo la mirada
de Doflamingo de forma desafiante, para luego sonreír con descaro—, porque nada…
absolutamente nada… de lo que hagas… me hará cambiar de opinión.
Debía
admitirlo, ese mocoso sin duda tenía la capacidad para sacarlo de quicio.
Deseaba someterlo de todas las formas posibles. —Realmente voy a disfrutar borrando
esa maldita sonrisa de tu cara.
Doflamingo
soltó el cabello de Law y comenzó a mover sus dedos. Los brazos de Law se
alzaron sin delicadeza sobre su cabeza, obligándole a incorporarse por completo.
Estaba atrapado en los hilos de Doflamingo —No te tengo miedo—, escupió con
insolencia.
—Y
yo estoy harto de tu desfachatez —Law sintió como los hilos comenzaban a
juntarse a la altura de su boca formando una mordaza—. Así está mucho mejor.
***
Se
había mantenido estoico ante los latigazos que Doflamingo soltaba sobre su torso
desnudo, pero, para deleite del mayor, al llegar al sexto toque, no pudo evitar
ahogar un grito contra la mordaza. La sonrisa que se había borrado de los
labios de Doflamingo al no notar reacción por parte de Law volvió a relucir,
sin embargo, el menor aún mantenía esa mirada desafiante. Tal vez debía usar
otros métodos para doblegar esa actitud tan altiva.
—Mhj,
veo que este tipo de acciones no son del todo útiles contra alguien tan
obstinado como tú. Dime Law, durante el tiempo que estuviste lejos de la
familia ¿lograste disfrutar de los placeres carnales que el mundo tiene para
ofrecer? —Law frunció el ceño ¿Doflamingo le estaba preguntándo si había tenido
sexo?
¡Claro
que sí! No era un chiquillo, ya tenía 26 años, su experiencia no era mucha, pero
claro que la tenía.
—No
es necesario que te ofendas. Debo decir que tenía la esperanza de que en tu
afán de venganza hubieras dejado de lado tu desarrollo personal. Me hubiera encantado
ser el primero en poseerte. —Sus ojos reflejaron la sorpresa y el temor que
sintió al oír esas palabras. Ni en sus más retorcidas pesadillas podría haber
imaginado algo así, solo pensarlo le causaba repulsión.
Doflamingo
hizo desaparecer el látigo que tenía en su mano, acortó la distancia que los
separaba y llevó su mano hasta uno de los maltratados pectorales de Law. Al
tocarle sintió el leve temblor que recorría el cuerpo del muchacho y se relamió
los labios con lujuria —que agradable, tiemblas de placer con el mínimo toque—,
dijo con burla al saber que el temblor de Law se debía al desagrado que le
producía su insípida caricia.
Con
sus dedos aprisionó los pezones del menor y comenzó a retorcerlos con fuerza
para luego tirar de ellos sin delicadeza alguna. Law cerró con fuerza sus ojos,
aguantando las desagradables sensaciones que le producía el contacto con ese
sujeto, tenía que aguantar, tenía que prepararse y no quebrarse ante lo que
vendría. Doflamingo quería doblegarlo, pero no se iba a dejar, el muy imbécil
podrá hacer lo que quiera con su cuerpo, pero su espíritu se mantendría fuerte,
tenía que mantenerse fuerte.
—¿Te
parece si comenzamos con la verdadera diversión? Ando algo corto de tiempo, ya
sabes, tus nuevos amigos están alborotando mi ciudad. —Doflamingo se quitó su
aparatoso abrigo rosa y lo dejó caer al piso.
Ladeó
su cabeza y miró de pies a cabeza a Law. Le encantaba analizaba a sus presas
con detalle. Sonrió complacido y nuevamente jugó con sus hilos.
Law
sentía como los hilos recorrían nuevamente su cuerpo, que comenzó a moverse en
contra de su voluntad. Terminó suspendido de cabeza en el aire, con sus brazos
amarrados firmemente contra su espalda y sus piernas flexionadas, se sentía
expuesto y la presión de los hilos en su torso le dificultaba la respiración.
Miró
con severidad a su captor, quien se acercó a él y acarició una de sus piernas,
disfrutando de la vista. Cada nudo estaba estratégicamente colocado para causar
incomodidad en el usuario —Esa mirada no me intimida, Law, al contrario —llevó
su mano hasta los testículos del chico y apretó con fuerza, obligando al menor
a soltar un jadeo de dolor—, me motiva a seguir.
De
su bolsillo, Doflamingo sacó un pequeño frasco y lo acercó a la nariz de Law, obligándole
a respirar el contenido. Sus fosas nasales se vieron inundadas por la
empalagosa fragancia que provenía del pequeño frasco. —Haré que me supliques,
mocoso.
Hizo
aparecer nuevamente el látigo en su mano para iniciar una nueva sesión de
azotes, y unos minutos después, al ver que la respiración del muchacho se hacía
más pesada, se detuvo. — ¿Quieres intentar algo diferente? —llevó una mano a su
oído, fingiendo querer escucharle mejor y sabiendo de antemano que no tendría
respuesta a su pregunta—, tomaré tu silencio como un sí.
Caminó
hasta un pequeño mueble y de él extrajo algunas cosas que usaría para seguir
divirtiéndose con su invitado.
El
cuerpo de Law volvió a moverse con ayuda de los hilos. Esta vez quedó suspendido
mirando hacia el techo, sin embargo, al no poder sostener su cabeza, ésta quedó
inclinada hacia el piso.
Sintió
como Doflamingo comenzaba a jugar con sus pezones nuevamente, tenía unos
enormes deseos de pedirle que se detuviera, pero no lo hizo, sólo apretó los
dientes, mordiendo con fuerza la mordaza que aún permanecía en su boca. —Te
gustan los aretes, ¿verdad?, lo digo por los que llevas en tus orejas.
Realmente te sientan bien.
Al
terminar de pronunciar esas palabras, Law, sintió como una aguja caliente
atravesaba uno de sus pezones, y gritó, mientras Doflamingo reía —Vamos, no es
para tanto—, y volvió a repetir el acto en su otro pezón. —Sólo son un par de
aretes. Los envié a hacer especialmente para ti. ¿Puedes adivinar el material
que usaron en su creación? —“Plomo” pensó Law—, apuesto que ya adivinaste
—agregó mientras jugaba con las argollas sin dejar de sonreír.
Le
recorrió con la mirada una vez más y al llegar a su entrepierna notó como el
miembro de Law empezaba a hacer presión contra la tela del bóxer, la droga
estaba haciendo efecto. —Pero que descuidado soy, olvidé por completo quitar tu
estorbosa ropa interior. —Law no pudo evitar arquear la espalda y ahogar un
gemido contra la mordaza al sentir como Doflamingo acariciaba su entrepierna
por sobre la tela.
Sonrió
con satisfacción y rasgó la tela del bóxer de forma brusca, para luego volver a
acariciar, recorriéndole, esta vez, con tortuosa lentitud.
Jugó
con el miembro de Law hasta que salieron las primeras gotas de líquido
preseminal y movió sus hilos para dejarle, una vez más, boca abajo. Le tomó del
mentón con firmeza y alzó su rostro.
Las
mejillas de Law mostraban un suave rubor, y sus ojos, que antes mostraban odio,
se veían mucho más cristalinos y necesitados. Doflamingo le quitó la mordaza de
la boca, dándole acceso a un poco más de oxígeno y haciéndole salivar. Con su
pulgar quitó los resquicios de saliva de su mentón, para después introducir un
par de dedos en la boca de Law. La esperada mordida nunca llegó, y sonrió
ampliamente al saberse vencedor. La droga había logrado nublar el juicio del
chico.
—Ahora
sí disfrutaré como corresponde —dijo el rubio sin dejar de sonreír mientras se
deshacía de su ropa. Tomó su miembro ya erguido y comenzó a masturbarse frente
a Law.
Le
tomó del mentón y con el pulgar abrió su boca, ya convencido de que no habría
peligro, le introdujo su miembro en la boca, marcando un ritmo suave en las
primeras embestidas.
Lo
disfrutaba, sí, pero no era suficiente, así que comenzó a entrar más y más
hasta producirle arcadas —Oh sí, tu boca es tan suave—, le agarró firmemente
del pelo para aumentar la velocidad de sus estocadas, y sólo se detuvo cuando Law
comenzó a toser en busca de oxígeno.
Sentía
que su cabeza daba vueltas. Podía ver lo que hacía Doflamingo, pero su cuerpo
no respondía, el kairoseki, los hilos y la droga que le había administrado no
fueron una buena combinación.
Le
sorprendía de sobremanera el hecho de seguir consciente, a pesar de querer
apagar su cerebro por la desesperación que le producía todo lo que estaba
pasando. De sus ojos caían lágrimas, aunque no sabía bien si era por todo lo
que estaba sintiendo o por la falta de aire. Quería que parara, quería que se
detuviera, pero formular alguna palabra inteligible le era imposible.
Sintió
como todo comenzaba a dar vueltas nuevamente debido al brusco movimiento que le
hizo girar, dejándole otra vez boca arriba. Estar girando de esa forma, como si
fuera un animal asándose, le irritaba, pero no evitaba que dejara de jadear, su
cuerpo se tensaba por los espasmos involuntarios a causa del dolor y el
agotamiento. —Debo admitirlo, me encanta oírte gemir —dijo mientras le rodeaba
y le separaba las piernas con las manos.
Vertió
lubricante en sus dedos y comenzó a recorrer de nueva cuenta el pene de Law,
bajó hasta su ano y comenzó a masajear en círculos mientras jugaba con sus
testículos. Law sentía que se correría en cualquier minuto, pero Doflamingo no
estaba por la idea de dejarle tan pronto, y con su eterna sonrisa, amarró la
base de su miembro.
Introdujo
un dedo, jugó unos segundos e introdujo otro. Comenzó a abrirlos y cerrarlos en
su interior, deleitándose con los sonidos que soltaba. Oh sí, le encantaba, y podría
haber disfrutado de esto mucho antes si el muy insolente no hubiera escapado
con el imbécil de su hermano.
Con
eso en menté, frunció el ceño y quitó los dedos del interior de Law, vertió un
poco de lubricante en su miembro y lo introdujo en una sola estocada. Law gritó
debido al dolor que le produjo la intromisión y el brusco arqueo de su espalda
al tratar de alejarse sin éxito.
Doflamingo
respiró profundo, sintiéndose complacido por la estrechez que le rodeaba. Le
tomó con firmeza de la cadera y comenzó a moverse, embistiendo fuerte y
constante, disfrutando el sonido que se creaba al chocar el cuerpo del Law con
el suyo.
Se
detuvo sin salir de su interior y comenzó a recorrerle el torso con las manos, con
sus dedos hurgó en los agujeros por los que entraron las balas. Law apretaba
sus dientes con toda la fuerza que le era posible aplicar, y soltó otro grito
cuando las argollas recién puestas en sus pezones fueron jaladas.
Dolía.
Dolor era todo lo que podía sentir en ese minuto, ni siquiera podía pensar con
claridad, mucho menos prestar atención al sonido en la puerta que obligó a
Doflamingo a detenerse por unos segundos —¿Quién es, y qué quiere? —preguntó de
mala gana.
—Lamento
molestarse Joven amo, pero el señor Fujitora dice que necesita hablar con usted
antes de irse.
El
rubio gruño con rabia —Dile que estaré ahí en unos minutos.
No
esperó la confirmación de su subordinado, lamentablemente tenía que terminar —te
ha salvado la campana, mocoso—. Le quitó el amarre que tenía en la base del miembro
y le sujetó de la cadera. Volvió a penetrarle con fuerza. Al ser liberado, el
miembro de Law comenzó a escurrir semen por la presión acumulada, mientras
tanto, Doflamingo seguía embistiendo con fuerza y rapidez.
Terminó
con un sonoro gemido, corriéndose copiosamente dentro del cuerpo de Law.
Respiró entre jadeos mientras sonreía.
Cuando
salió del interior de Law, su miembro estaba un poco más flácido que hace unos
instantes, pero de haber tenido más tiempo hubiera continuado.
Pasó
su mano por los glúteos del chico, con sus dedos recogió rastros del semen que
escurría y los metió en la boca de Law. —Acostúmbrate al sabor, será recurrente
en tu dieta de ahora en adelante.
La
vista de Law comenzó a fallar, enfocar le era cada vez más difícil.
Doflamingo
llamó a uno de sus lacayos —después de vestirle llévenlo a la sala de
reuniones, necesito tenerle cerca—. Fue lo último que escuchó antes de que todo
se volviera negro.
***
La
próxima vez que abrió los ojos se encontraba sentado en un enorme sitial, aún
con las esposas de kairoseki en sus muñecas. Doflamingo estaba sentado frente a
él, notablemente molesto. Baby 5, Buffalo, un anciano atado en el suelo y
algunos lacayos de Doflamingo también estaban presentes.
—Pensé
que su objetivo sólo era destruir la fábrica de Smile. Entonces, ¿Por qué los
Mugiwaras trabajan con las personas pequeñas de Green Bit?, Esto no parece una
simple casualidad —le habló con calma. “¿Personas pequeñas?” se preguntó sin
saber a qué se refería el rubio—, ¿Cómo lograron llegar al nivel subterráneo?
—Doflamingo se mordió el pulgar, sus venas sobresalían en su rostro debido a la
tención que le producía el enfado. —¿Por qué atacan a Sugar? —preguntó sin
esperar respuesta—. No sé cuál es su motivo, pero cada movimiento que hacen
tiene graves consecuencias. Si no es una coincidencia, entonces… Significa que
conocen la oscuridad de este reino…
No
respondió las preguntas de Doflamingo, básicamente no sabía las respuestas, y
Baby 5 le golpeó por eso. —¡Responde! ¡El joven amo te hizo una pregunta, Law!
—Le miró con enfado y la chica se giró a llorar a un lado de Buffalo, quien la
regañó por hacer lo mismo que hacía cuando eran unos niños.
—Ya
te lo dije, ya no estoy involucrado con ellos. Nuestra alianza terminó. No
tengo idea de lo que estás hablando. —A pesar de que aún se sentía adolorido
por todo lo ocurrido, le respondió de la forma más clara y fría que pudo.
—¿Intentas
engañarme? ¿O acaso dices la verdad? —Sonrió mirando la seriedad en el rostro
de Law—. Si Violet estuviera de nuestro lado, ya hubiéramos leído tu mente. ¿O
acaso fuiste tú quien inició todo esto, Rey Riku? —preguntó dirigiéndose al
anciano—, las Tontattas estaban a tu servicio.
Lo
que ocurrió después pasó bastante rápido. El den den mushi de Doflamingo
comenzó a sonar, al responder se escuchó la voz de Trébol pidiendo disculpas al
rubio por que algo le había ocurrido a una tal Sugar —¿Qué sucedió con Sugar?
—¡Inconsciente,
está inconsciente! —La sonrisa de Doflamingo desapareció al instante— Oye…
¡¿Qué clase de broma es esta?!
—¡Todos
los esclavos que hemos reunido durante años regresaron a su forma humana! ¡El
efecto de la Hobby-Hobby No Mi desapareció!
Desde
ahí todo se descontroló, todos los teléfonos sonaban al mismo tiempo, se
lograba sentir el barullo que se levantaba en las calles a través de las líneas
que estaban abiertas. El imperio de Doflamingo se desmoronaba y él perdía su
tiempo discutiendo con Mugiwara porque el muy obstinado no aceptaba la ruptura
de su alianza.
Ser
arrastrado por ahí tampoco fue lo mejor, Mugiwara-ya resultaba ser un completo
idiota en algunas ocasiones, pero era fuerte y decidido, el chico realmente
tenía una voluntad inquebrantable.
Le
quitaron las esposas de kairoseki y se enfrentó una vez más a Doflamingo, y nuevamente
perdió. Definitivamente no era su destino ganarle. El que debía hacerlo era el
chico del sombrero de paja, y él quería estar presente para verlo cuando lo
hiciera, y si el chico perdía, entonces se quedaría para morir con él.
***
Los
días que pasaron en la colina, después de escapar de la marina una vez que
Mugiwara ganó la pelea, fueron un poco confusos, le costaba asimilar la idea de
que Doflamingo había caído. Realmente había perdido y estaba encarcelado.
Un
escalofrío recorrió su cuerpo, aún podía sentir las manos del rubio paseando
por su piel. Se había dado una ducha, pero sentía que no era suficiente, y las
imágenes venían a su cabeza cada vez que cerraba los ojos.
***
La
segunda noche despertó alterado por causa de una pesadilla, la mayoría
continuaba durmiendo.
—
¿Estás bien? —Preguntó Robin con un deje de preocupación.
—Sí
—respondió secamente para luego ponerse de pie y salir de la cabaña. ¿Podría
hablar con ella lo que rondaba por su cabeza? pensó mientras caminaba por ese
campo de flores. Y no, no podría hacerlo. Dudaba poder hablarlo con alguien
alguna vez.
Escuchó
pasos acercarse desde atrás y se giró dispuesto a pelear en caso de ser
necesario, pero se relajó al ver que el que se acercaba era el espadachín.
—Zoro-ya… —Zoro llegó a su lado y levantó una botella de licor. —No creo que
sea…
—Vamos,
lo necesitas más que yo. —Caminó en dirección al árbol más cercano y se sentó a
un costado del tronco.
Resignado,
le imitó y se sentó a su lado. Zoro abrió la botella y se la tendió, la aceptó
y se la llevó a los labios, le dio un gran sorbo, de hecho, tomó más de lo que
imaginó que haría. —Y vaya que lo necesitabas —dijo Zoro con sorpresa. Recibió
la botella que le tendía Law y bebió para pasársela nuevamente—. No sé qué es
lo que habrá pasado con Doflamingo después de que te llevó cuando estábamos
fuera del coliseo. Pero sé que no fue bueno para ti.
Law
quedó mirando un punto fijo en el suelo, tragó saliva y volvió a llevarse la
botella a los labios. —Supongo… —Se sintió mucho más afectado de lo que
esperaba al oírle, respiró profundo y volvió a beber—, supongo que podría haber
sido peor —dijo finalmente.
—Sí,
siempre puede ser peor —Zoro volvió a beber de la botella que Law le acababa de
entregar—, lo bueno es, que aún vives. Y que tienes a tus compañeros
esperándote en… la isla como se llame.
Law
sonrió al recordar a sus amigos, era verdad, ellos estaban esperándole. A pesar
de que salió con la idea de que no les volvería a ver, ahora tenía la
oportunidad de hacerlo.
—Gracias,
Zoro-ya.
—Bueno,
ahora somos “aliados”. O “amigos” en el lenguaje de Luffy, y debes estar bien
para todo lo que se viene o la cosa se pondrá fea.
Zoro-ya
tenía razón. El problema que se les venía ahora era mucho más grande que el que
acababan de superar. Se estaba atormentando al recordar todo lo que había
sucedido con él mientras fue prisionero. Pero debía encontrar la forma de
sobrellevarlo, como siempre lo había hecho con todas las desgracias de su vida.
Después de todo, su verdadero viaje recién estaba comenzado.
Fin… creo.



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